Estados Unidos lleva años de dominio en la gimnasia. Pero la irrupción de Simone Biles en 2013, justo un año después de los Juegos de Londres, lo ha cambiado todo. Ha dejado este deporte sin el aliciente de cualquier disciplina, que no es otro que la posibilidad de ganar. O al menos de intentarlo. Visto lo visto este domingo en el Río Olympic Arena, en el primer día de la gimnasia femenina, nadie puede hacer sombra a un equipo americano que está a un abismo del resto de los participantes. Por dificultad, espectacularidad, potencia y precisión. Es maravilloso y al mismo tiempo, un poco aburrido.
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