El aroma a despedida impregna el aire en la Villa Olímpica de Río. Algunos jugadores de la selección española desayunan sentados en unas mesas a las puertas del McDonald’s. Una pareja de atletas lituanos les pide hacerse una foto. Aparece Sergio Scariolo. La expectación es escasa y concierne solo a una pequeña avanzadilla de periodistas españoles. No se va a hablar sobre la final ansiada. Tras la derrota de España ante Estados Unidos, ajustada en el marcador (76-82) pero nítida y sin paliativos, le toca valorar al seleccionador la situación previa al partido por el tercer puesto, ante Australia (16.30).
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