dimanche 21 août 2016

Otro final macabro

El primer partido de la que será la temporada de despedida del Vicente Calderón fue fiel a esa parte de la historia rojiblanca que mezcla el sufrimiento, con el alborozo y el drama. Reapareció traicionera esa parte de su vida en la que al Atlético le cabe todo en los minutos finales. Un penalti a favor en el descuento, con la grada pasando de la desazón a la euforia y, de nuevo, por enésima vez, condenada a rumiar un resultado en contra cuando festejaba el triunfo. Ninguna hinchada parece más apegada a vivir la grandeza del fútbol que la del Atlético, tantas veces golpeada en situaciones similares. Gameiro había transformado el penalti cometido en el descuento sobre Torres, bandera de la carga final que parecía haber encontrado premio, y al poco, Manu engarzaba ese disparo que superaba a Oblak. Esa amarga incredulidad volvió a flotar sobre jugadores, entrenador y afición. No hizo más el Alavés en ataque que esa jugada y se llevó un punto. De nuevo, ese fatalismo que roza lo macabro inundó el Calderón. No es más el fruto de las posibilidades que ofrece el juego mientras el colegiado no señala el final, pero con el Atlético parece ensañarse.

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