Llegada la hora de la verdad, el cruce mortal de los cuartos de final, allí donde se palpa el fuste real de los equipos, reapareció la mejor imagen de la maravillosa selección española que lleva 15 años en la cima del baloncesto, que hace 10 ganó el Mundial y abrió las vitrinas del oro europeo y las platas olímpicas. Ese equipo de Pau Gasol, de Felipe Reyes, de Rudy Fernández, de Ricky Rubio, en esta ocasión también de un Mirotic desencadenado, y demás, convirtió a Francia en un invitado de piedra. La superó por un elocuente 92-67. No es poca cosa. Francia es un señor equipo. Pero ni Parker, ni Batum, ni Diaw, ni De Colo, ninguno de los ilustres nombres franceses pudo mantener el pulso de su equipo ante el torrente de juego que se le vino encima.
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