La salud del Barça se entiende a partir de Leo Messi y su sonrisa, desde luego también por su excelso fútbol. Y el 10 guiña el ojo a los compañeros, se ríe a gusto en los calentamientos —ha cambiado a Alves por Luis Suárez para la serie de pases— y aplaude una mala entrega de Denis Suárez como se muerde la lengua cuando otro no completa una de sus asistencias. Es el líder del vestuario y por eso quiso dar ejemplo al volver una semana antes al trabajo, pero también es el capataz del campo, una condición que se acentúa a cada curso porque ha cambiado la explosividad de sus piernas por su visión periférica, también su pie superdotado. Y con eso, además de la puntería de Munir, bastó para descascarillar al Leicester y sus estrecheces, por más que el campeón de la Premier se las hiciera pasar canutas al final gracias a la efervescencia de Musa.
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