A mediados de marzo Joel González todavía no podía pegar una patada ni entrenarse con el resto de sus compañeros. Le estaban pinchando factores de crecimiento y ácido hialurónico para aliviar el dolor de su machacado cartílago de la rodilla (un cartílago que no se regeneraba), y también para acelerar la recuperación y soñara, al menos, con los Juegos de Río. A finales de mayo, con sólo dos semanas de entrenamiento, Joel fue bronce en los Europeos de Suiza. En Río, ahora, se le ve radiante pocos días antes de que salte al tatami para defender (aunque sea en otra categoría de peso) el oro que consiguió en Londres.
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