Una foto de Roberta uniformada de rojo y amarillo, apoyada en un flotador y con una expresión de tedio infinito tras un nadador olímpico alimentó una broma que viajó en segundos de Brasil a Australia: ¿Qué hace un socorrista cubriendo las espaldas de los mejores nadadores del mundo? Roberta está triste con la repercusión y con los comentarios que la encasillaron en la “profesión más aburrida del mundo”. No quiere saber nada de la prensa y llegó a hablar con su jefe por miedo al despido. “Nos dolió. No somos inútiles. Son los atletas más preparados del mundo, pero nadan en su límite físico y siempre puede ocurrir un imprevisto. Son humanos”, defiende uno de sus colegas que no quiere identificarse.
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