Se extinguirá esta noche el pebetero mientras una familia desde una casa de la favela de Mangueira, en Río, mira los últimos fuegos artificiales. Los Juegos de Río habrán llegado a su fin. Los han vivido millones de personas de todo el mundo, desde sus ordenadores, desde sus sillones, desde sus televisores o desde las páginas de un periódico. Se extinguirá el pebetero y resurgirán las cenizas de la antorcha que viajará de ciudad en ciudad hasta que, dentro de cuatro años, la cita nos arrastre a Tokio, Japón, para volver a sentir la llama olímpica, ya sin Phelps, ya sin Bolt.
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