Berta Ledecky tenía 82 años cuando invitó a sus hijos y a sus nietos a Praga, en el verano de 2007. Allí los Ledecky nacidos y educados en Estados Unidos se reencontraron con la rama familiar que permaneció en la antigua Checoslovaquia tras la Segunda Guerra Mundial. Cierto día, la abuela Berta los llevó a visitar el cementerio judío y les mostró las tumbas de los muertos y las placas de los desaparecidos. Unos, víctimas de los nazis, otros, represaliados por los comunistas. Todos judíos. Como el abuelo Jaromir, un científico que huyó del régimen prosoviético en 1948 para instalarse en Nueva York, en donde conoció a Berta, y donde fundó una próspera saga de abogados y empresarios. Katie Ledecky, que estaba muy unida al abuelo Jaromir, jamás olvidará aquella mañana.
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