El Sevilla es uno de los ocho equipos de la Liga que ha cambiado de entrenador. Pocos han contratado a un técnico tan singular y tan vehemente, tan convencido de cuál es el camino y tan dispuesto a no coger ningún atajo que el conjunto andaluz. Jorge Sampaoli tiene 56 años, esta a punto de ser abuelo y la valentía se le adivina en las cicatrices de la cara, los tatuajes de sus bíceps, torneados en largas horas de gimnasio, y en una actitud futbolística que le llevó el pasado miércoles al Camp Nou, con siete bajas y sin un sólo central sano, dispuesto a remontarle al equipo de Messi. Por eso, camino del Camp Nou, cuando un sevillista le gritó, “míster, ¿y hoy qué?”, Sampaoli se giró y soltó: “¿Hoy? ¡ganar o morir!” Contestó con la misma energía que cada día golpea el pecho o/y la nuca del japonés Kiyotake durante los entrenamientos con la palma de la mano — “dice que le falta carácter y así espabila”, cuentan—, con la intensidad que se devora las uñas de los dedos o vive los partidos en el banquillo —“no me gusto, parezco un entrenador de baloncesto”, asegura de sí mismo—. “Es un tipo de ley”, sostienen sus colaboradores, que apuntan que el técnico no ha tenido ni tiempo de buscar casa, por lo que aún vive en un hotel. “El Sevilla se está construyendo en torno a una idea bonita, la suya, la de Sampaoli y eso es lo que nos tiene que importar. Estamos en el camino. Llevamos un mes de entrenamientos y hay que tener paciencia”, reflexiona Monchi, director deportivo del Sevilla.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2bp43k3
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire