Las ráfagas de brisa tropical procedentes de la laguna de Barra transportaban hasta la Villa Olímpica un inconfundible aroma cloacal. El espíritu faraónico de los organizadores de los Juegos soslayó la ausencia de servicios como el tratamiento de aguas construyendo las torres más altas de Río y traspasando por el camino los volúmenes de edificación legalmente prescritos hasta el momento. Todo para que los atletas del mundo gozaran del mítico recinto que, olimpiada tras olimpiada, acoge a las delegaciones del acontecimiento ecuménico por excelencia. El equipo de España no fue la excepción cuando este miércoles se formó para asistir al izado de bandera en la plaza central. La peste no hace mella en el entusiasmo de los muchachos, que, según las predicciones de los expertos, se colgarán en torno a 20 medallas, en la estela de los Juegos de 2012, cuando los españoles conquistaron 17 trofeos, tres de oro, 10 de plata y cuatro de bronce.
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