Como cada sábado, Eric se levantó temprano para ayudar a su madre con las tareas del hogar. Tocaba barrer y fregar, así que decidió encender la radio en busca de un poco de música con la que animar sus quehaceres domésticos, incapaz de imaginar que aquel gesto tan cotidiano estaba a punto de cambiarle la vida. Agarrado a la escoba, Eric se enteró por un anuncio de que la Federación de Natación estaba buscando nadadores para participar en las próximas olimpiadas, e instaba a los interesados a pasarse por el edificio del Comité Olímpico para formalizar la solicitud y participar en las pruebas de selección. Para su sorpresa, tan solo se presentaron él y una mujer, Paula Barila Bolopa.
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