Hay una señal inequívoca en Río de Janeiro que sugiere que el día será de viento: el olor a cloaca. Al llegar al Parque Olímpico, a través de una pasarela que une la parada de autobús con los estadios, una fuerte brisa fétida sorprendió a los aficionados. “Mmmm, ¡qué deleite!”, ironizaban transeúntes y visitantes. Bajo sus pies se remansaban litros de agua estancada procedentes de un arroyo caudaloso de aguas fecales con un par de conos de tráfico abandonados, señales perdidas de la promesa olímpica de invertir en saneamiento básico y limpiar las lagunas que rodean el Parque, abandonada en un cajón. Pero no fue el único problema que el viento provocó en el segundo día de competiciones múltiples: las que entretienen a los 10.000 deportistas en su desafío olímpico y las que enfrenta diariamente el comité organizador, un desafío más complicado aún contra la maldición.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/2aZ3NLn
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire