Leí el otro día un magnífico artículo de Juan Tallón en el que describía con exactitud las consecuencias que en nuestros hábitos producen los Juegos Olímpicos. En efecto, durante quince días nos convertimos en consumidores compulsivos de todos los deportes incluidos en la parrilla olímpica, muchos de los cuales solo vemos cada cuatro años. Examinamos con intensidad si el saltador salpica mucho o poco al entrar en el agua desde el trampolín de diez metros para adivinar su nota. Reparamos en que el rugby a siete no solo divide el número de jugadores en relación con su hermano mayor, el rugby a quince, sino que, con una cierta lógica, lo hace también con la duración de los partidos. Nos reencontramos por cuarta vez con Juanito, He Zhi Wen, que a sus 54 años nos sigue representando en tenis de mesa.
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