Sucedió en la temporada 1993-1994. El Barça acababa de firmar a Romario y la prensa del país se enzarzó en un debate oscuro sobre cuál de los cuatro extranjeros ocuparía plaza en el banquillo ante el debut liguero frente a la Real. La normativa impedía alinear a más de tres sobre el campo así que, apenas una hora antes del partido, Johan Cruyff y sus ayudantes se reunieron para zanjar el asunto. El sacrificado sería Ronald Koeman, decisión que sorprendió a propios y extraños, tanto que Toni Bruins se acercó a Johan y le preguntó si estaba seguro de lo que estaba haciendo. “Sí”, le dijo Cruyff. “A éste, al menos, se lo podré explicar en holandés; lo entenderá mejor”.
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