No ganó esta vez porque el de Sachsenring sea un circuito que se le da bien, que se adapta a su estilo de pilotaje, que tiene tantas curvas a la izquierda (10, solo tres a la derecha) que le recuerda a esas pistas de corte americano que tanto le gustan en las que practica modalidades como el dirt track, donde puede tirar mano de las derrapadas y también de lo mejor de su técnica. Todo eso pudo influir en cuanto se secó la pista y empezó a rodar rápido, a dar miedo, a obligar a más de un rival a apartarse de su trazada. Pero lo que de verdad le hizo lograr su séptima victoria consecutiva en el gran premio de Alemania fue la clarividencia con la que él y su equipo leyeron la carrera, la calma con la que asumió que las 30 vueltas que hay que darle al circuito germano dan para mucho y que la pista acabaría secándose tarde o temprano, lo que le daría cierto margen de maniobra.
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