Con la voz apagada y una síntesis indiscutible, Antonio Sousa, quien fuera centrocampista en esa selección portuguesa que maravilló al mundo en la Eurocopa de 1984, resuelve al otro lado de la línea telefónica: "Fue una verdadera tristeza. Pudimos haber cambiado nuestra historia". Le secunda Álvaro Magalhães, asistente de Camacho en el Benfica y lateral izquierdo de ese equipo: "Jugamos muy bien, pero pasamos de la felicidad a la gran tristeza en apenas cinco minutos". Se refieren a la semifinal del torneo, cuando Francia les superó de forma agónica en la prórroga para después llevarse el laurel ante España en un duelo recordado por la pifia de Arconada.
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