Puño cerrado. Piernas flexionadas. Un atisbo de sonrisa después de tres días y 15 hoyos de maravillosa igualdad entre dos monstruos en estado de gracia. Un putt de doce metros embocado en la última vuelta de la bola, sencillamente perfecto, marcaba la diferencia definitiva de dos golpes a falta de tres hoyos para terminar. Henrik Stenson gana el Open Bitánico después de haberse quedado muy cerca hace tres ediciones ante el mismo rival. Un triunfo histórico. El primer Grande masculino para un jugador sueco, un éxito largamente esperado para un país apasionado por el golf, con cerca de 500.000 jugadores habituales en una población inferior a los diez millones, y con una climatología que apenas permite salir al campo seis meses al año. Veinte golpes bajo par, el mejor resultado en la historia de los Majors, superando la extraterrestre exhibición de Tiger Woods en Saint Andrews en el año 2000 y en unas condiciones mucho más complicadas, completan un Open para recordar.
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