Se terminó la aventura, el hermoso periplo que estaba firmando Roger Federer en esta edición de Wimbledon, cuyo público se quedó sin la presencia del suizo en la gran final y, por lo tanto, con la miel en los labios. El número tres del mundo cedió ante Milos Raonic después de un pulso muy estratégico (6-3, 6-7, 4-6, 7-5 y 6-3, en 3h 24m) y el tenis deberán seguir esperando, porque el fotograma de Federer alzando su 18º trofeo del Grand Slam y edulcorando su leyenda no se producirá ahora, en Londres. El de Basilea, que a sus 34 años aspiraba a su octava corona en el All England Tennis Club, perdió el tren. Se evaporó la tentadora idea de verle alzando otro grande y terminando con una sequía en los majors que se remonta hasta 2012, cuando firmó su última gran consecución individual, precisamente en la hierba londinense.
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