Un 9 de julio, y más aún estando en Pau, en el Tour caluroso al pie de los Pirineos solo debería hablarse de Fede, de San Federico Bahamontes, que cumple 88 años y para celebrarlo se ha levantado a las ocho de la mañana, se ha ido a su casa de campo en Toledo y ha pasado el tiempo trabajando en el jardín hasta la hora de la comida, la siesta y el Tour, que le aburre soberanamente. “¡Falta alguien que dé guerra!”, se queja por teléfono Federico, el ciclista que nació guerrero y rey de la montaña, y así morirá, con la palabra Tourmalet quizás en los labios, y si no en los suyos en los de quienes saluden su vida. “Las etapas de montaña que ha habido hasta ahora han sido de vergüenza. Veo que me siguen echando de menos. Nadie atacó nunca como yo”.
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