El Ventoux es el monte del viento que, cantaban los poetas desde Petrarca, sopla sin parar y hace enloquecer y penar, y crea el paisaje que todos asemejan al de la luna, como si hubieran estado allí, en la luna. El viento, que sopla en su cima más de 90 kilómetros por hora dos de cada tres, días del año, 240 días en total, roba el oxígeno y el agua. No hay vegetación en sus últimos kilómetros, solo piedras blancas refulgentes y afiladas que se clavan en las suelas, y los ciclistas que alcanzan su cima, a 1.912 metros, se asfixian y gritan, aire, aire. El Ventoux es la desolación y el miedo, la soledad y la muerte de Simpson, las imágenes tantas veces emitidas, y los ciclistas enfrentados a una fuerza que sienten superior y les obliga a ir más allá de su voluntad.
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