Aquel 4 de julio de 2004 aún era un crío de 19 años y, como millones de sus paisanos, se llevó un disgusto morrocotudo. Un berrinche sonoro para todo Portugal. Su selección sufrió un apagón en el estadio Da Luz de Lisboa ante 62.865 espectadores, una marea portuguesa con algún brote griego. Ni Cristiano Ronaldo, que solo llevaba un año con la absoluta lusa y entonces jugaba con el 17, pudo remediarlo. Portugal acababa de perder su Eurocopa ante la increíble Grecia y la atenta mirada del inolvidable Eusebio. Ni con él en los 60 ni con otro genio en ciernes, el equipo luso había sido capaz de llegar a la cima. Cristiano, que ha madurado de maravilla, y todo Portugal tienen hoy (Telecinco, 21.00) la segunda gran oportunidad de su historia. Esta vez, sin la luz lisboeta, el peso le corresponderá a Francia, que busca su tercera Eurocopa y no suele fallar como anfitriona. Así ganó la Euro 84 y el Mundial 98.
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