El sabor del aire que se respira hoy en Francia no es el habitual. En un país donde suele reinar la misma desconfianza hacia los futbolistas que hacia los políticos, es llamativo observar la inusual unanimidad que está sembrando la selección nacional a su alrededor. Hasta ahora en el apoyo del público siempre quedaba algo de resignación. Hay que reconocer que el contexto deportivo no nos había ayudado a sentir indulgencia por los nuestros. Cada alineación era un pretexto silencioso para recordarnos las dolorosas ausencias de Benzema, Ben Arfa, Valbuena y los demás marineros caídos de la nave azul. Encima, al día de hoy, no se sabe aún si las improvisaciones sucesivas de Deschamps a la hora de cambiar el rumbo fueron consecuencias o bien causas del caos deportivo en el que vivía nuestro equipo desde septiembre pasado.
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