Portugal conquistó su primera Eurocopa gracias a un jugador que adoraba detestar, pero que desde ayer simplemente adorará como a un héroe. El protagonista de esta historia fuera de lo común se llama Éder, un grandote de 28 años de origen humilde que arrastraba las críticas de todo un país tras su mal Mundial en 2014, pero cuyo destino ha cambiado para siempre al convertirse en el futbolista que dio el triunfo a la Seleçao en la irrespirable prórroga de la final contra Francia, la anfitriona.
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