Está muy ocupado estos días Ivan Basso, cuyo trabajo es hacer que todos se lleven bien en el Tinkoff, convencer a Contador y sus compañeros de que deben estar unidos, de que la desunión es la ruina y un aburrimiento, porque están obligados a convivir y más vale pensar en un objetivo común. Para hacerlo no sigue tanto lo que aprendió de los directores que le guiaron en su carrera, gente con mucha personalidad como Giancarlo Ferretti, Bjarne Riis o Roberto Amadio, sino lo que le han enseñado técnicos de otras especialidades, gestores de grupos de deportistas y de sus egos, como su admirado Arrigo Sacchi, el hombre de fútbol que inventó el Milan de los años 90.
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