En la defensa del resultadismo ha pasado con Portugal lo que a esos padres que le dicen a sus hijos que en el colegio hay que tener personalidad y acaban en el ISIS. Se ha confundido todo, hay que decir que con alegría. Hasta tal punto que Portugal ha pasado de ganar en noventa minutos durante todo el torneo, llevando a un extremo el culto al resultado: se puede ganar empatando siempre, claro que se puede.
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