A Evra le desposeyeron del brazalete de Francia tras el motín del Mundial de 2010, cuando la federación expulsó a Anelka por insultar al técnico Raymond Doménech y varios jugadores, con él al frente, se rebelaron. Pero que no lleve la banda en el brazo no quiere decir que no ejerza de líder, tal y como se constató en el calentamiento de la final. Así, mientras todos estaban en corro haciendo los ejercicios y con el capitán Lloris alejado, con su propia puesta en marcha, Evra tomó el mando. Apoyó el brazo sobre el hombro del preparador físico e inició una apasionada arenga que duró cerca de cinco minutos, con gestos imperativos, con gritos alentadores, con los cinco sentidos. Asentían los demás y Griezmann, al que esperaba toda Francia por su gran torneo, apretaba las mandíbulas y resoplaba para canalizar la tensión. Al otro lado del campo, Ronaldo también emanaba la misma determinación, por más que le incomodaran las polillas que revoloteaban por el césped. El problema, sin embargo, es que duró 23 minutos con las botas puestas.
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