Han pasado tres semanas, pero resulta difícil olvidar la mala carrera que Jorge Lorenzo hizo en la última cita del Mundial de motociclismo, en el circuito de Assen, un trazado que empezó a atragantársele hace un par de años, justo después de hacer la machada: correr 24 horas después de ser operado de una fractura de clavícula. Y terminar quinto. La lluvia, tan habitual en las citas del gran premio de Holanda, fue entorpeciendo su reencuentro con el escenario de tan magnánima actuación y hasta confesó, en una ocasión, haber revivido durante la carrera las escenas del accidente en el que se rompió aquel año. Una serie de flashes le venían a la memoria. Y no pudo competir como de él se esperaba.
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