La tez morena, los ojos marrones y un lunar encima del labio. El pelo corto, el cuerpo tatuado, casi ni un centímetro de piel libre. Su madre, María, también en su piel y en el centro de sus pensamientos; siempre a su lado, en cada viaje (de Palma a Barcelona y de allí a medio mundo), en cada gran premio, cada día de entrenamientos, en cada cura, cada masaje en la clínica móvil de cada circuito del calendario. Su padre, también Luis, estaba en Montmeló, cosas de la vida, pues siempre aguarda en casa, junto al hijo pequeño, Jaume, el otro rey de la casa, de 16 años y con parálisis cerebral. Y su hermana, Toñi, la mayor, embarazada de pocas semanas. De hecho, dio la noticia a la familia tras el pasado gran premio de Italia.
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