Irlanda del Norte tiene interiorizados algunos de los conocimientos básicos del fútbol. El primero, que correr más que el rival siempre es una gran idea y que si además, el esfuerzo es compartido, el arma gana en eficacia. A partir de ellos, recurre al balón en largo como estrategia, rehúye el pase y la elaboración -una asignatura a la que ni espera presentarse- y disputa cada balón como si fuera el último. Si además su rival, se lo pone relativamente fácil, pues la victoria, la sorprendente victoria, es un hecho tan real como la vida misma. Con un partido serio, extenuante, en el que hubo lluvia y granizo -fue curioso ver a Norwood abroncar al árbitro por decidir que había que parar el partido por las bolas que caían del aire-, Irlanda del Norte logró su primera victoria y dejó herida de muerte a Ucrania, que a falta de un partido suma dos derrotas consecutivas.
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