¿Cómo explicar lo inexplicable? Ni el mismísimo italo-argentino Renato Cesarini podría. En los años 30, por sus goles con el Juventus e Italia en los últimos parpadeos de los partidos, se llegó a acuñar el término zona Cesarini, hoy más validada que nunca en esta Eurocopa de infarto. En los primeros 17 partidos ya se han anotado nueve goles a partir del minuto 87 y seis de ellos han tenido incidencia en el marcador. Un fenómeno sobrenatural al que se aferró Inglaterra para descorchar a Gales en un partido con más emotividad y simbología que gran juego. Con la nuez anudada, los ingleses cambiaron la marcha tras el descanso y con más ritmo rescataron una victoria de calado. No solo porque les despeja unos octavos que se les complicaban, sino porque evitaron una sonada afrenta regional. Es fútbol, no rugby, y Gales solo había conseguido un empate con Inglaterra. Y del suceso han pasado 43 años.
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