La ruleta es francesa, el azar es suyo. Si un gol en el último respiro le alivió ante Rumania, otro tanto de Griezmann cuando caía el telón le evitó un batacazo monumental frente a la encomiable Albania, que compitió con grandeza. El partido dejó en muy mal lugar a Didier Deschamps, el seleccionador galo, que se hizo un lío morrocotudo. Francia, aturdida por su técnico, que modificó el sistema tras el espeso duelo inaugural, primero fue la nadería, con un primer tiempo de barbecho absoluto. Luego, en el intermedio, rectificó y cuando al menos el equipo tuvo mayor timbre de autoridad volvió a intervenir para mal con los cambios. Griezmann, los duendes o quien fuera, acudieron al rescate.
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