jeudi 16 juin 2016

Alemania no sale del atolladero de Polonia

En el túnel de vestuarios, un corrillo de jugadores del Bayern compuesto por Müller, Neuer y el recién llegado Hummels cuchicheaban con su compañero aunque anoche rival Lewandowski. Todos reían como si nada, como si no hubiera un encuentro de la Eurocopa entre dos rivales históricos. Pero sobre el césped cambió el asunto. Así lo aclaró en el sorteo el mismo Lewandowski, que escogió cara, venció y solo por incordiar decidió cambiar de campo. Pero de eso se trataba anoche para Polonia: crear un atolladero en su casa para expresarse a la contra en la opuesta. Le salió bien la primera premisa y con eso le bastó para empatar ante una Alemania que reclama a gritos un 9, un futbolista de referencia que sujete a los centrales para evitar las múltiples ayudas defensivas.
El equipo germano jugaba con el balón pero no con el rival, incapaz de superar las dos líneas de cuatro que planteó Polonia en campo propio. La defensa salía sin apuros desde la raíz —a no ser que fuera un saque de portero, cuando el rival hacía la presión alta— y la pelota llegaba con nitidez a los pies de Kroos, que la movía con tino. Ahora aquí; ahora allá. Toques en corto y en largo para exigir las basculaciones rivales y para encontrar el hueco que subrayara a los atacantes. Pero los pases, aunque buenos y tensos, no lograban ofrecer ventajas o superioridades a Alemania, estéril ante el ejercicio de solidaridad e intensidad polaco. Por lo que a la que llegaba a la zona de tres cuartos, se diluía. Era un guirigay: Khedira no se estiraba, pendiente de las contras rivales; Özil no daba pie con bola y reclamaba al aire justicia divina; Müller estaba por la derecha —fuera de sitio— y apenas participaba del juego; Draxler se rebelaba desde la izquierda, único con quiebro y aspersor en la bota; y Götze… estaba en el campo pero como si no.

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