Campeón del manejo de redes sociales y portavoz oportuno de las ideas que la junta directiva quiso difundir en tiempo y forma, sea para señalar a Casillas o para defender a Mourinho en época de crisis, Álvaro Arbeloa fue despedido por el Bernabéu con fastos dignos de futbolista mítico. Ni Redondo, ni Casillas, ni Raúl, ni el propio Zidane, ni tantos otros próceres podrán decir nunca que la hinchada les despidió con más ruido y aparato cuando concluyeron sus contratos. “¡Madridista de verdad!”, coreaba el grupo oficial de animación.
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