Un centenar de personas apostado frente al hotel Abades de Granada perseguía una foto, un autógrafo o simplemente dar el último aliento de la Liga a los jugadores del Barcelona, que permanecieron ajenos al ruido –incluso cuando bajaron a comer, a las 13.00 horas, lo hicieron por unos portones que prohibía el contacto con los aficionados instalados en el hotel-, por más que se palpaba la tensión por cualquier rincón. “Hoy hay que ganar, ¿no?”, se convencía un directivo. “Vamos a ver, vamos a ver”, le respondía otro momentos después. “No molestéis al mister ¿eh?, que hoy no está para eso”, soltaba un tercero con ironía. “A ver, a ver”, repetía como una coletilla el anterior directivo. Era día de fiesta o entierro, y todo se decidiría en 90 minutos. Una vez pasados, ganó el confeti.
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