El Bayern salió dispuesto a escribir su victoria con frases rápidas. Cada vez que alcanzaba el final de una línea, se oía un "uyy" en la grada, y vuelta a empezar. Llenó varios folios con el peligro que llevaba al área de Oblak. Su fútbol transcurría entre onomatopeyas que remitían a las peleas de Batman: pow, zlopp, crash, ouch, aieee, ughh. Si su rival fuese otro, los alemanes se habrían retirado al descanso con tres goles de ventaja, y pensando en aprovechar la final de Milán para comprarse un traje, un pañuelo y unos buenos zapatos. Pero el Atlético es un equipo de chiflados. Lo aguantan todo. No se desmoronan. En el sofá de casa, al alcanzar el minuto 90, alguien comentó, como si supiese de qué hablaba, que el equipo de Simeone había leído bien la Odisea de Homero. "Estas cosas se notan", añadió.
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