Nunca fue Mugello un escenario amable para Lorenzo, antes rival que compañero de Rossi, el gran ídolo del público que acude en masa y camuflado de amarillo al trazado toscano. Le solían silbar e incluso abuchear. Y ni las victorias, que lleva muchas en las últimas temporadas (cinco de seis) ablandaron el corazón de la grada, rendida a los pies de su ídolo local. “Cada año es más o menos igual. Soy el rival más fuerte que ha tenido Rossi en su equipo, porque ninguno ha conseguido batirle regularmente con la misma moto y no tenemos una relación muy buena”, señala el español.
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