A juzgar y oído, por las sonoras palmas con las que le recibió el público parisino, es difícil pensar que el aficionado francés tenga algún tipo de resquemor contra Rafael Nadal; a tenor de lo visto, el de Manacor tuvo una puesta de largo de lo más cómoda esta vez, la segunda en la que no defendía la corona en Roland Garros (la anterior fue en 2010), territorio que pisa por 12ª ocasión; y, por lo que expuso Samuel Groth, el sacador más potente de la historia (firmó en su día un ace a 263 km/h), cuesta entender que el australiano, despachado con un triple 6-1, una hora y 20 minutos, sea hoy día el 100 de la ATP.
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