Cuatro de la tarde. Sol, brisilla agradable. La Madrid primaveral llama a la puerta, a ver si esta vez sí, las nubes se van a un lado y le dejan asentarse ya, que a estas alturas del año es lo que toca. Los decibelios crecen y van tomando progresivamente la Caja Mágica, hasta que él irrumpe con paso ligero y el raquetero al hombro. El speaker, entonces, recita su nombre y los aficionados se levantan: accede a la pista Rafael Nadal. Le ha costado, como a esta primavera que se resiste a llegar, pero el de Manacor se ha levantado y ahora lleva otros bríos. Más que suficientes para doblegar en su estreno al ruso Andrey Kuznetsov: doble 6-3, en una hora y 18 minutos.
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