Rompieron moldes, por el hecho de que un deportista de élite, una figura del tenis, escogiera a una mujer para entrenarle e intentar potenciar una carrera que en los dos últimos años ha ido ganando lustre, aunque no se haya alcanzado el clímax de un gran título. En junio de 2014, Andy Murray le propuso a Amélie Mauresmo una tarea que ahora, visto el recorrido y la hoja de resultados, queda como una obra transgresora e inacabada. Y es que ayer, tras caer la noche previa en la final de Madrid, el escocés y la preparadora francesa anunciaron que ponen fin a su vínculo profesional.
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