dimanche 8 mai 2016

Magia

Para que Juan Carlos Valerón no corriese nunca, y de hecho no lo hacía, los entrenadores le rodeaban de gente que sí corría: corrían todos para adelante y corrían todos para atrás. Los primeros lo hacían porque Valerón les daba pases todo el rato; los segundos porque Valerón a veces los fallaba. De este modo Valerón pudo cumplir el sueño de un futbolista: no tener nunca prisa por hacer nada, no preocuparse más que por disfrutar de su propio hábitat, un ecosistema en el que siempre era una hora menos.

Seguir leyendo.



source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1Zuv0Fd

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire