A Luis Suárez se le cayó el mundo encima en la final de la Copa disputada ayer en el Calderón ante el Sevilla. Fue tras un control, tras elevar la pierna y notar un fuerte pinchazo en la pierna derecha. Las cámaras apenas le siguieron porque en la misma jugada a Messi le salió un buen chichón después de chocar un rival. Suárez, en cualquier caso, se quejaba y no parecía tenerlas todas consigo para seguir. Pero lo intentó y en la siguiente carrera, roto, se tiró sobre la lona con un gesto torcido que lo decía todo. Segundos después, le atendió el médico del Barcelona, Ricard Pruna, que no dudó un instante en pedir el cambio al banquillo. Luis Suárez ya no jugaría la final.
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