dimanche 15 mai 2016

Los malos modos de Mercedes

Lewis Hamilton y Nico Rosberg hacen bueno uno de los tópicos más manidos de la historia de la Fórmula 1, ese que anima a comprarse un perro a cualquier miembro de la parrilla que pretenda hacer amigos. El bueno rollo que ambos mantuvieron de niños y hasta la adolescencia comenzó a ponerse a prueba en su primer curso como compañeros de equipo en Mercedes (2013). La tensión fue en aumento a medida que la competitividad también lo hacía, y en 2014 todo saltó por los aires en Bélgica, a raíz de una maniobra de Rosberg que terminó con un pinchazo de Hamilton, un alerón roto en el monoplaza del alemán y un incendio considerable en la escudería de Brackley (Gran Bretaña), que definió lo sucedido como algo inaceptable entre corredores que defienden los mismos colores. Pues bien, dos años después de aquello un episodio similar se repitió ayer en Montmeló, donde ambos Mercedes quedaron fuera de combate antes incluso de completar la primera vuelta, circunstancia que seguramente agradeció la hinchada. Sin los monoplazas más dominantes de la historia en la pista, la carrera fue fantástica.

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