La temporada apenas había comenzado y Marc Márquez ya sabía lo que le esperaba: una moto difícil, parecida a aquella con la que ya se había estado peleando el año anterior –“Desde 2015 acabo las carreras agotado”, concede–, y con un motor que, otra vez, condicionaría la temporada del equipo Repsol Honda, pues es la pieza clave y, al mismo tiempo, la única que no se puede desarrollar durante la temporada, tal y como marca el reglamento. Campeón del mundo en 2013 y 2014, el piloto más joven en ganar un título de MotoGP, era consciente de que se enfrentaba a su segundo año malo, así que entabló conversación con Ducati, una fábrica que no ha parado de evolucionar.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1OExqLH
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire