En la mayoría de los países por donde pasa, la antorcha olímpica suele ser el símbolo de la paz y de una supuesta unión de los pueblos. En Brasil, sin embargo, llega en circunstancias políticas sui generis ante la inminente destitución (impeachment) de la presidenta Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores), que se puede confirmar la próxima semana en el Senado. Este martes, el símbolo de los Juegos Olímpicos desembarcó en Brasília, la capital brasileña, alrededor de las 7.30 de la mañana (hora local) en manos de Carlos Arthur Nuzman, presidente del Comité Olímpico de Brasil. En un acto inusual en este tipo de evento, la organización la trasladó al palacio presidencial de Rousseff, que aprovecha los que pueden ser sus últimos momentos en el poder para manifestaciones políticas.
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