Acostumbrado a sufrir, el Rayo se enfrenta a la agonía de la última jornada porque nada le salió bien ni en Anoeta ni en los otros campos donde su presencia era tan virtual como interesada. La Real no se jugaba nada que tuviera mayor beneficio que la obligación y el disfrute de la victoria; el Rayo se lo jugaba casi todo. Y los dos jugaron como lo hacen habitualmente.
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