samedi 14 mai 2016

El guerrero Valverde ataca y hace daño en Toscana

La vida es bella, pudo decir Alejandro Valverde, un guerrero en Arezzo, adonde llegó no solo incólume sino con aires victoriosos después de atacar al pie del puerto de tierra y gravilla blanca, el Alpe di Poti y su 14% de pendiente a 25 kilómetros de la meta. Ante su ataque imperioso palideció la rosa de la maglia de Tom Dumoulin, el líder, que, solo, sin nadie del equipo que le ayudara, sufrió la ley de los escaladores como la sufrió en la Vuelta de 2015. En un puerto de menos de siete kilómetros y segunda categoría en el corazón de la Toscana más dulce, perdió el gigante holandés todo lo poco que había ganado en las siete etapas anteriores, y también parte de su crédito como hombre para la victoria final. Obligado a sufrir, adelantó 24 horas el esfuerzo en solitario al máximo que deberá repetir el domingo en la contrarreloj de los vinos de Chianti, de la que era favorito.

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