Pepu Hernández se quitó la americana, se arremangó la camisa y comenzó a dar indicaciones desde el banquillo. Pero el entrenador que condujo a la selección española en su mejor ciclo —campeona del mundo en 2006 y plata en el Europeo de 2007— no se dirigía a jugadores de élite y en las gradas el aforo apenas superaba las 40 personas. En la cancha, dos equipos de infantil femenino (13 años) de los juegos municipales y un árbitro, Roberto Calero, madrileño de 46 años, que ha difundido una sorprendente historia de cuyo éxito es el único responsable.
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