dimanche 15 mai 2016

El Baskonia pierde el partido de las causas perdidas

Habría que saber quién es la niña o el niño de la mini grada del Lokomotiv que grita cada vez que su rival se acerca a la canasta. Grita como si tuviera hambre o se hubiera caído o le hubieran tirado un helado. Los poquitos aficionados de Krasnodar se alimentan de los gritos que salen de esos pulmones intactos. ¿O quizás es un grito grabado, metálico, otro artilugio para hacer visible la roja oscuridad del Lokomotiv, unas pocas felices familias, quizás de los jugadores? Pero ¿qué sería de una final por el tercer y cuarto puesto si no fuera por ese bebé electrónico o natural de pulmones de oro o por la charanga de Baskonia, que bien pudieran ser los incansables? Es el partido de las causas perdidas y cualquier trompeta es bien recibida. Aunque en el campo, el castigo de la derrota pesa más en la cabeza que en el cuerpo. Y al Baskonia se le atragantó el postre. Dolido por no poder luchar por los platos principales, el postre del tercer y cuarto puesto lo asumió como un castigo, como una condolencia.

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