Después de tres años de ausencia voluntaria, Novak Djokovic volvió a confraternizar con Madrid y la Caja Mágica, rendida al talento y el tenis del serbio, un superdotado de la raqueta que va camino de pulverizar todos los registros históricos de su deporte. En la que fue la 90ª final de su carrera –las mismas que disputó el estadounidense Andre Agassi–, el de Belgrado redujo al número dos del mundo (6-2, 3-6 y 6-3, tras dos horas y seis minutos), en lo que supone el mejor indicativo de cómo están ahora mismo las cosas en el circuito de la ATP: Nole, Nole y Nole; y por debajo, a sus espaldas, guerrea el resto.
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